Ciencia y videojuegos

El cerebro de una mosca, mapeado por Google, ya juega al Doom

El cerebro de una mosca, mapeado por Google, ya juega al Doom

por Egoi Cantero | hace 2 horas

Generado con IA

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La semana pasada, Google publicó el mapa neuronal completo del cerebro de una mosca de la fruta (Drosophila melanogaster), un hito científico de proporciones históricas. Esta semana, alguien ya lo ha puesto a jugar al Doom. Porque si hay algo que la humanidad ha demostrado repetidamente, es que la primera pregunta ante cualquier avance tecnológico es: ¿puede ejecutar Doom?

Cómo se hace jugar a una mosca

El experimento, recogido por Eurogamer, consiste en estimular eléctricamente grupos específicos de neuronas del mapa cerebral para generar respuestas motoras en la mosca real. Los investigadores han logrado que el insecto mueva sus patas de forma coordinada en función de los estímulos visuales del juego, conectando efectivamente su sistema nervioso como entrada de control. Los resultados no son precisamente los de un speedrunner, pero la mosca reacciona y interactúa con lo que ve en pantalla.

Uno de los detalles más llamativos del experimento es la variable de excitación: según los investigadores, cuanto más «excitada» está la mosca, con más empeño intenta disparar. Esta frase, pronunciada en un contexto puramente científico, ya ha recorrido medio internet. Además de Doom, el experimento se ha replicado con Beat Saber, el popular juego de ritmo en realidad virtual, donde la mosca debe generar movimientos rítmicos para golpear los bloques que se acercan.

El mapa que lo hace posible

El connectome completo de la mosca de la fruta —es decir, el mapa de todas y cada una de sus conexiones neuronales— fue presentado por Google la semana pasada tras años de trabajo colaborativo con instituciones científicas. La mosca cuenta con aproximadamente 140.000 neuronas y 54 millones de sinapsis, un orden de magnitud manejable comparado con los 86.000 millones de neuronas del cerebro humano, pero suficiente para representar un paso gigantesco en neurociencia computacional.

Que ese mapa se haya convertido en el joystick biológico más extraño de la historia de los videojuegos dice mucho tanto del ingenio de la comunidad científica como de la pervivencia cultural de Doom, que lleva más de tres décadas siendo el banco de pruebas universal de cualquier dispositivo capaz de procesar información. Calculadoras, termostatos, tractores, billetes de dólar y ahora cerebros de mosca: la lista sigue creciendo.

Fuentes: Eurogamer


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