Polémica
Los BAFTA retiran un juego sobre trauma infantil de sus premios y la desarrolladora denuncia sentirse «silenciada»

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Una nueva polémica sacude al mundo de los premios de videojuegos. La desarrolladora detrás de The Quiet Things, un juego narrativo autobiográfico que aborda el trauma infantil y el abuso, ha denunciado públicamente que los BAFTA Games Awards retiraron su título de la competición alegando problemas con la temática del juego. La autora, que prefirió no revelar ciertos detalles personales dado el carácter íntimo del proyecto, afirma sentirse «shut down and silenced» —apagada y silenciada— tras la decisión de la organización.
The Quiet Things había sido seleccionado inicialmente dentro de la categoría relacionada con el guion o la narrativa, lo que hace aún más llamativa la exclusión. Según la desarrolladora, la organización retiró el juego después de ver el tráiler, sin mayor explicación que una referencia genérica a la naturaleza de sus contenidos. Para una creadora independiente, perder ese escaparate supone no solo un golpe anímico, sino también una pérdida real de visibilidad ante la industria y el público.
El caso plantea una pregunta incómoda: ¿dónde están los límites de los premios institucionales a la hora de reconocer obras que tratan temas difíciles? Los videojuegos llevan décadas reivindicando su lugar como medio artístico capaz de explorar la condición humana en toda su complejidad. Títulos como That Dragon, Cancer, Celeste o When the Past Was Around han demostrado que el medio puede abordar el dolor, la pérdida o la salud mental con una sensibilidad y profundidad envidiables. Excluir un juego precisamente por tocar esas heridas parece contradictorio con esa aspiración.
Desde la comunidad indie, la reacción ha sido mayoritariamente de apoyo a la desarrolladora. Varios creadores han señalado que decisiones como esta envían un mensaje peligroso: que ciertos temas siguen siendo tabú incluso en espacios que se presentan como progresistas y abiertos. Los BAFTA, por su parte, no han emitido ningún comunicado público que explique los criterios aplicados en este caso.
La situación recuerda a otros momentos en que instituciones culturales han tropezado al intentar gestionar obras que incomodan. El arte que nace del trauma personal raramente es cómodo, y precisamente por eso suele ser el más necesario. Ignorarlo no hace que el trauma desaparezca; solo lo vuelve invisible una vez más.
Fuentes: Kotaku